Serie Juegos

Algunos de nuestros elementos de esparcimiento fueron el legado de nuestros padres, pero para los jóvenes de hoy solo son piezas obsoletas de formas geométricas tan simples que no pueden creer que hallan sido el pasatiempo en nuestros ratos de ocio.

Esos juegos cotidianos evocan toda una serie de recuerdos placidos de una etapa de nuestras vidas en un contexto de tiempo diferente, donde los medios no nos alienaban con la moda, lo in, lo out; nuestra creatividad afloraba para hacer las mil y una piruetas para tratar de meter siempre el mismo palito en el huequito.

Negociábamos con nuestras madres por media hora más de juego. Hoy suplicamos para que nuestros hijos solo se desconecten por media hora y quieran ir a jugar un rato fuera de casa.

Ya no se pelean, no se caen, no se raspan o se tocan, escasamente interactúan con su oponente o su amigo a través de la consola.  Las ciberrelaciones desplazaron la camaradería de nuestros vecinos de barrio, la amistad de nuestras madres, no sabemos quien vive en frente, sin embargo nuestros hijos juegan con alguien al otro lado del mundo.

De la nostalgia por la infancia resurge la esperanza que las imágenes de nuestros juegos se perpetúen, como las leyendas de nuestros viejos.