Nueva Venecia

Como en un relato de García Marques, divisamos el pesebre de casas palafíticas en medio de la ciénaga grande. El Morro, mejor conocido como Nueva Venecia, es un pueblo sin tierra firme, donde tener patio en la casa con un animal doméstico es un bien suntuoso. El agua dulce que se consume es del contaminado río Magdalena que adquiere un incalculable valor al igual que las cosas simples de la naturaleza, una piedra de río o una tabla de mala madera.

Valorar lo poco. Colombia 2018

Hay muchas versiones sobre el origen de este pueblo palafítico en medio de la ciénaga, pero la que más me gustó fue una mezcla de la historia escuchada a Guti y a José Donado el concejal. Cuentan que antiguos pescadores en la época del no hielo, debían ahumar el pescado con leña en las trojas construidas con paja y madera de mangle, para poder preservarlo e irlo a vender a Barranquilla. La cercanía de estas trojas a la orilla del mangle permitía que los pájaros se comieran los pescados, así que empezaron a mudar la construcción de sus trojas ciénaga adentro para evitar el alcance de las aves.

Ya establecidos en un sitio llano como ellos lo llaman, de poca profundidad, pudieron ampliar la cantidad de ahumaderos y construir los cambuches de los cuidadores de pescado. Poco a poco se hicieron más trojas y más viviendas, así nació el pequeño pueblo del Morro. Con la inevitable aparición de las facilidades modernas, como los motores fuera de borda, lanchas de aluminio y fibra de vidrio, la demanda de pescado aumento, convirtiendo al Morro en un pueblo comercializador de pescado. El vaivén de hielo, plantas a gasolina y neveras de icopor hizo que las casas tuvieran más necesidades constructivas. Así que después de algunos incendios de los ahumaderos, la gente decidió cambiar la paja de sus techos por tejas de eternit y la palma de las paredes por madera. Cuando el presidente de Colombia (de aquella época) Ernesto Samper visito la zona, se enamoró del sitio y les dio un auxilio importante para el mejoramiento de vivienda. Posteriormente de Sitio Nuevo, vino el profesor Ismael Ambrosio Moreno que comparo el pueblo palafítico con la ciudad de Venecia en Italia y lo demás fue historia, la bautizo como Nueva Venecia.

Destino a la Vista

Partimos de Remolino a las ocho de la mañana, tres kilómetros más abajo estaba el pequeño brazo que nos conduciría hasta la ciénaga grande. Paleamos un par de horas hasta encontrar una lancha camino al Morro conducida por el hijo del concejal quien nos ofreció el hospedaje de su padre cuando llegáramos al pueblo. A las once de la mañana salimos del canal encontrando el bote recolector de agua dulce para los habitantes del pueblo y divisando en el horizonte las construcciones sobre el agua.

Media hora más tarde, estábamos dentro del pueblo pidiendo indicaciones de cómo llegar a la casa del concejal. Remamos lentamente observando de primera mano las interesantes construcciones, bajo la inquietante mirada de algunos pobladores que nunca habían visto llegar a nadie a su corregimiento en ese tipo de embarcaciones. María Rodríguez, la esposa del concejal, nos dio la bienvenida a su posada La Bendición de Dios, nos acomodó en sus habitaciones y se disculpó por la no presencia del concejal, que llegaría al siguiente día.

Trafico acuático

Como un relato macondiano, la primera canoa que vimos pasar frente a la posada era impulsada por un motor fuera de borda de madera y la ilusión de unos niños de tener uno de verdad cuando fueran pescadores. Ante la imposibilidad de comunicarse de otra manera, los niños desde muy pequeños aprenden a bogar para ser autosuficientes iniciando con las tapas de los tanques plásticos del agua y luego en pequeñas canoas de madera.

El vendedor de verdura también llego bogando, clavando un gran palo (boga) contra el fondo de la ciénaga al cual le amarran una horqueta en la punta para que no se entierre en el fango y luego dando pequeños pasos hacia adelante para mover su transporte, los vendedores, los colegiales, los pescadores, los turistas, todo se mueve en canoa.

El no conocer otras alternativas de movilidad a las canoas, hizo que para los niños y muchos adultos los kayaks inflables fueran una gran sensación y causaran admiración por su ínfimo peso al lado de una canoa de madera o fibra de vidrio y mucho más al saber que se podían hacer largos viajes en ellos como el nuestro por el río Magdalena. En la tarde de ese día, gran parte de los asistentes a la reunión en el salón comunal de Nueva Venecia pudieron navegar en los kayaks teniendo la breve sensación de poder moverse en el agua de una manera diferente.

La integración.

Addis Quiroz, funcionaria de la fundación CREATA y el programa de alianzas para la reconciliación en la ciénaga grande de Santa Marta, tenía una reunión concertada con la ayuda de Luis Alberto Higuera consultor de Turismo en el salón comunal con algunos de los habitantes del pueblo, en especial mujeres que hacían parte del programa de empoderamiento para los habitantes, que busca el poder generar otra posibilidad económicamente sostenible a través de la cultura, costumbres regionales y el turismo.

Nueva Venecia, vive de la subsistencia diaria, todos se benefician de la abundancia de los pescadores. Cuando llega la época de escases de pescado, el comercio se ve duramente afectado y nadie tiene dinero para comprar sus insumos básicos. El tendero no vende, no hay dinero para traer nuevos productos, no hay como comprar gasolina para los motores, no hay como ir más lejos a pescar y es un ciclo repetitivo año a año donde se pasa de la abundancia y el malgasto a la escasez precaria.

Con los gringos como conejillos de indias, haciendo de público numeroso y extranjero ávidos de conocer, se dio inicio a la reunión hacia las tres y media de la tarde escuchando relatos históricos por parte del inspector de policía, un profesor y otros habitantes del corregimiento y luego la participación de las matronas que comenzaron a hacer la presentación de su pueblo, a danzar y hacer sus cantos tradicionales con sus hijos como músicos.

37 piedras en la iglesia

Frente al salón comunal, pasando un puente elevado de madera, se encuentra la amarilla iglesia del pueblo y en su fachada una placa conmemorativa a la masacre del 22 de noviembre del año 2000. Declarar objetivo militar a Nueva Venecia es impensable, una gran equivocación como no lo contaron sus habitantes. Mike no entendió que interés podían tener los grupos armados de la época, en un pueblo de estas características, alejado de todo, en medio de la ciénaga, sin vías de comunicación, con un comercio precario donde el vecino vive de su vecino, sin cultivos, sin ganado y sin ningún interés económico para nadie.

El hecho de haberle vendido combustible a un guerrillero que iba de paso, fue el detonante para que los grupos paramilitares de la época declararan a los Morreros, auxiliadores de la guerrilla y decidieran ir a mostrar su poderío militar contra los pobladores que como única arma, poseían su cuchillo para arreglar el pescado. Tras la barbarie y las no disculpas y mucho menos reparación, los pobladores decidieron hacer una humilde ofrenda en memoria de las victimas colocando una piedra por cada víctima en la base de la iglesia.

Elvira la vendedora

“Se considera venta ambulante la modalidad de venta no sedentaria practicada en ubicación móvil, de manera y con medios que permitan al vendedor ofertar su mercancía de forma itinerante, deteniéndose en distintos lugares sucesivamente y por el tiempo necesario para efectuar la venta.”  

Hay cosas que las palabras no pueden describir, y una de ellas es el ver la emoción de los niños y sus madres al ver llegar a doña Elvira con la única alternativa de escoger algo para comprar entre el surtido que cabe en la chalupa de fibra de vidrio de doce metros de largo. La felicidad está dada con las posibilidades de compra de un baratillo móvil que ofrece chanclas, bermudas, blusas, camisetas, brasieres, ropa interior, sabanas y toallas.

De casa en casa doña Elvira visita a los habitantes de Nueva Venecia, algunas veces se ve interceptada por alguna compradora que la hace desviar de la ruta programada, pues quiere ver de primera mano su nuevo surtido antes de que llegue a las demás casas. Catalino, su conductor conoce la ruta y para según las ordenes de doña Elvira. Le alcanza su cuaderno, donde tiene anotado a cada cliente, quien le debe, cuanto dinero abona y cuanto sigue debiendo para la siguiente compra. En algunas casas tiene más de un cliente, correspondientes a las tres generaciones de una misma familia, nieta, madre, abuela y algunas nueras que viven bajo el mismo techo.

El riguroso orden con el cual Catalino y doña Elvira acomodaron en la mañana todas las prendas sobre el bote, se perdía periódicamente, cuando algunos niños se abalanzaban a su interior como en piñata a escoger las prendas más coloridas. Luego sobre el entablado de sus casas se las probaban arrojando al interior del bote las que no les quedaban buenas y por consiguiente tener que ordenar de nuevo la mercancía antes de la próxima visita.

La excusa perfecta

El navegar en la canoa con doña Elvira, me dio la posibilidad de pararme en el entablado de muchos de sus clientes. Hablar con ellos y conocer de primera mano sus posibilidades y necesidades. La mayoría de las casas tienen servicio de energía eléctrica, que viene en postes plásticos desde Salamina, pasando por Remolino, Sitionuevo y luego en cable sumergido hasta Nueva Venecia, donde se hace la conexión debajo de cada casa en precarias cajas metálicas no aptas para la salinidad del ambiente.

Las casas no tienen agua potable, el suministro se hace desde cinco botes particulares que hacen su recorrido diariamente en la madrugada, hasta la desembocadura del brazo del Magdalena a recoger agua dulce, que ha pasado por infinidad de pueblos que arrojan sus aguas servidas al río. Llenas sus tanques de agua y lo reparten en las casas de sus contratantes. Ninguna casa posee sistema de alcantarillado, todas las aguas, las amarillas y las jabonosas van directamente a la ciénaga debajo de sus casas.

Muy pocas casas tienen patio. Estos son hechos con sedimentos, basura, y lodo que extraen del fondo, para rellenar una pequeña barricada de trozos de palo de mangle uno junto a otro para tratar de no dejar escapar el relleno.  Una gallina es un lujo, y muchísimo más disfrutando de ese pequeño patio. Ante el insuficiente material de relleno, la gente opta por hacer estanques piscícolas, utilizando menos palos y colocando mallas plásticas, para impedir que se salgan los pequeños sábalos de veinte centímetros que capturan en las faenas de pesca, luego los depositan en sus estanques para ser alimentados hasta por dos años con desperdicios y peces más pequeños. Cuando están de tamaño lucrativo, cercanos a los dos kilos de peso son sacrificados para ser comercializados.

Algunos entablados están saturados de viejas maderas, neveras para producir hielo en bolsas, redes, viejos chinchorros y jaulas para captura de jaibas que algunos empresarios entregan a los pescadores locales a cambio de un porcentaje de su captura como pago de las jaulas. La dificultad para conseguir madera ha hecho que se empiece a utilizar láminas de fibrocemento para las paredes de las construcciones.

Perros y gatos conviven en hermandad absoluta al tener reducida su movilidad al poco espacio en sus casas. Algunos caninos ladraban desesperadamente a nuestro paso, recorriendo los pocos metros de su universo de izquierda a derecha y viceversa, una y otra vez. Algunos de ellos han optado por nadar periódicamente y van en busca de los pocos patios con el deseo de sentir la tierra bajo las almohadillas de sus patas. Otros canes aun con menor suerte, viven amarrados para evitar que se lancen a la ciénaga.

Infortunadamente, el turismo desmedido también tiende a apoderarse de este pueblo, con el planteamiento de la construcción del muelle a sus afueras para la llegada de grandes botes. Un par de embarcaciones de operadores turísticos pasaron a nuestro lado con grupos de extranjeros, que disparaban sin cesar sus cámaras llevándose imágenes descontextualizadas del lugar, pues no se bajaron en ninguna de las pocas tiendas y mucho menos hablaron con los pobladores. Después de una hora de navegar por sus canales regresaron por la vía a Tasajera, con la equivoca idea que ya saben todo acerca de Nueva Venecia, cosa que no lograremos nosotros tampoco hasta que con seguridad no regresemos a visitar a nuestros nuevos amigos en esta ciénaga.

Pocas palabras

Sin canoa no se es nadie, el poseedor de una canoa en este pueblo la identifica con un nombre corto pintado sobre su costado con letras MAYUSCULAS de colores, algunas con errores ortográficos pero con aciertos expresivos que definen el sentimiento propio y de sus familias y que puestas en cierto orden podría decirse que también manifiestan el sentimiento de toda Nueva Venecia.

YOLANDONA, ASI ME ISO DIOS, VIVE TU VIDA, NO SUFRAS X MI.

LA GATA, SOLO UN RECUERDO, HAS CAMBIADO, AMOR GITANO.

MADELEN, LA PARRANDERA, NO PIERDO LA FE, SOÑAR CONTIGO.

LA CONSENTIDA, MI NIÑA GABRIELA, AQUI ESTOY, VOLVI A VIVIR.

LA FANIA, MELODIAS PARA DIOS, LA BELLA ESPERANZA, ALBUM DE AMOR.

BELLAPINTA, LOS MENDOS, MI HERMANA I YO, ASI SON ELLA.

LA VIDA CAMBIA, LA FAMA, LA GLORIA, LA CODICIA, LA ESMERALDA, LA MARCA NIKE, LA FE DE DIOS.

NADIEN COMO DIOS, ASI ES LA VIDA, MANANTIAL DE AMOR.

MI DESEO, SUEÑOS CUMPLIDOS………… 

BIENVENIDAREPARACION COLECTIVA.